jueves, 14 de junio de 2007

Algo de Freire

Paulo Freire

Durante mis años de formación como educadora he leído muchos y varios pedagogos, y claro muchos de ellos tiene y postulan muchas cosas interesantes, pero creo que uno de los que más recuerdo es Paulo Friere y no solo por el hecho de haberme traumado con su electivo sino porque hay cosas de él que encontró genial y bueno con las que estoy de acuerdo

Uno de los puntos esenciales del pensamiento de Freire, y con el que estoy muy de acuerdo, es que busca desarrollar la conciencia crítica para liberar al hombre y permitir que se desarrolle en plenitud y, con esto, lograr que él transforme la realidad que lo rodea, trabajando por mejorar sus condiciones de vida y por hacer de la sociedad algo más justo e igualitario, es decir, dejando atrás la condición de la que partió, la condición de hombre oprimido.

Menciona también, en alguno de sus libros la importancia de la rreflexión en el sentido de cuestionar lo que llega a través de los medios de comunicación y través de los mismos profesores, sin aceptarlo de inmediato sin investigar y pensar acerca de la información que se está recibiendo y esto conduce al último aspecto que es la crítica, es decir, no aceptar las situaciones que parecen injustas sin trabajar por cambiarlas

Otra cosa que siempre me gusto en es que en sus escritos recomienda no dejar morir el niño que todos llevan dentro, porque de esta manera estarán siempre alerta a lo que ocurre alrededor, cosas que por supuesto yo sigo al pie de la letra. También recomienda que el hombre ame y lo más importante para Freire, es que el hombre dialogue, consigo mismo, con los otros y con la realidad, porque a partir de este diálogo se crea la conciencia crítica y se puede trabajar por transformar la realidad. El diálogo debe ser permanente y siempre enfocado a conocer más.

Bueno eso es algo que me recuerdo y que lei en mi informe del traumante electivo.

Para aquellos que no conoce quien es Paulo Freire les cuento que es un Pedagogo brasileño que nació en Recife en 1921 y murió en Sao Paulo en 1997. En 1947 inició sus esfuerzos para lograr la alfabetización de adultos, lo que durante los años sesenta trataría de llevar a la práctica en el nordeste de Brasil, donde existía un elevado índice de analfabetismo. A partir de entonces, y desde unas creencias profundamente cristianas, concibió su pensamiento pedagógico, que es un pensamiento político. Promovió una educación humanista, que buscase la integración del individuo en su realidad nacional. Fue la suya una pedagogía del oprimido, ligada a postulados de ruptura y de transformación total de la sociedad, que encontró la oposición de ciertos sectores sociales. Publicó, entre otros títulos, La educación como práctica de la libertad (1967), Pedagogía del oprimido (1969), Educación y cambio (1976) y La Pedagogía de la Esperanza (1993)

1 comentario:

maria dijo...

LA TIRANIA DE “LA MARUJA”


Cuando oímos noticias relacionadas con la ablación que sufren las niñas en algunos países de lo que aquí en occidente consideramos el tercer mundo, ponemos el grito en el cielo por considerar una aberración que a la mujer se la prive de su derecho a la libertad de disfrutar de su sexualidad y de las condiciones infrahumanas en que se practica dicho método. Ante semejante situación Occidente asume la obligación de organizar y llevar a cabo campañas de educación especialmente dirigidas a las mujeres, ya que ellas son las guardianas y las que se encargan de poner en practica esas antiguas tradiciones familiares.
Por consiguiente, las mujeres occidentales nos podemos considerar en cierto modo afortunadas por no ser castradas sexualmente, y digo en cierto modo porque aquí en occidente las mujeres sufren otro tipo de castración, la castración intelectual.
Como estudiante de Física de la Universidad de Zaragoza es bastante frustrante comprobar como una mujer que se plantea como reto superar las dificultades académicas que se proponen en clase no tienen ningún valor si previamente no recurre a ciertos trucos vulgares que por tradición siempre se han practicado.
No trato de juzgar la moral de nadie, pero creo que por no seguir “la tradición” no debería ser sometida a opiniones subjetivas y ser blanco de molestas impertinencias.
Las relaciones de las personas se basan en el respeto mutuo, el respeto a las diferencias que las distingue aunque sean contrarias a tu modo de ver las cosas. Creo que pertenecer a un grupo en el haya personas diferentes no solo es enriquecedor por las aportaciones que puedan hacer sino porque al ver nuevas ideas puedes obtener una mejor y renovada proyección social que la que se puede obtener de “la tiranía de las tradiciones”.


María José González Sofin