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MAL VICHO
Desde chica a una la enseñan que existe el príncipe azul. Yo me quedé dormida años soñando con esa imagen, mientras mi mamá me leía cuentos infantiles. Y aunque sabía que era pura fantasía, al final mi inconsciente se formó la idea de que en alguna parte existía ese hombre ideal.Hoy las niñas de mi edad tienen distintos modelos de príncipe azul: un yuppie empresario con auto descapotable; un intelectual que mire directo a los ojos; un deportista sano, optimista y esforzado; un esotérico que tenga como mejor amigo a la montaña, o un rockero con pinta de astronauta. El asunto es que el gallo tiene que ser siempre bueno. En cambio, mi príncipe estándar siempre fu medio gris. Porque así yo tengo la misión de azularlo. Cuando chica me fijaba en los niñitos que jugaban a pegarse en el parque frente a mi casa. Les convidaba dulces para que hicieran las paces y ellos me gritaban "cuatro dientes, acusete cara de cuete". Después esos niños se convirtieron en gallos malos y rebeldes, pero en el fondo sensibles, tipo Jhonny Depp (a la Pía le gustan al revés; buenos por fuera, insensible por dentro, tipo Hugh Grant).
El año nuevo encontré a un príncipe azul (no gris), y lo más raro es que me enamoré de él. Incluso recogió mi zapato perdido, como en los cuentos de hadas. Después de la pesadilla de los fuegos artificiales, yo le conté que me llamaba Anita Santelices, y de inmediato me dijo que leía mis columnas, y me invitó a andar en el yate de su papá por la bahía de Valparaíso. Fue increíble. Me dijo que se llamaba Vicente, tenía 23 años y estudiaba Ingeniería Comercial en la Católica. Me convidó champaña, alabó mi perfume, y estuvo todo el rato pendiente de mí. O sea, era el hombre ideal; lo único raro fue que seguía tapándose la cara con el jockey. Cuando le pregunté por qué no se sacaba el gorro, me dijo:"Es un signo de mi individualidad", y al segundo se interrumpió explicándome que estaba repitiendo la estúpida frase de una película. Yo no la encontré estúpida. Al contrario, fue como sorprendente.
Cuando me fue a dejar al departamento del papá de la Pía, casi me dio un beso en la boca, pero se arrepintió en el último segundo.
En Santiago nos seguimos viendo. Me invitó a restaurantes, al cine, a unos pubs. Pero había algo forzado en él y yo sentía que me estaba enamorando de una cosa misteriosa que él guardaba adentro. Mi mamá lo encontró el gallo perfecto para mí. Mi papá, un tipo con futuro. La Cristi, un cuico fome.
Ayer Vicente se fue a la playa, y yo aproveché de salir con Libertad a ese nuevo bar de Vitacura, con música espacial. Antes, paramos en el almacén Cordillera a comprarnos unos dulces. A la salida, casi me trago el dulce. Sentado en la vereda estaba él, tomándose una cerveza. Lo reconocí por el jockey. Cuando me vio trató de esconderse, pero yo lo encaré.
Vicente me confesó que desde que me había visto en Valparaíso me había mentido sobre su forma de ser porque no quería desilusionarme. El yate no era de él, un tío se lo había prestado. Tampoco estudiaba Ingeniería ni le gustaba comer en restaurantes finos, ni tenía 23 años, sino 20.-
Te ví como una princesita y me sentí un monstruo a tu lado. Por eso lo hice, Anita -me dijo con vergüenza-. Ah, y me dicen Vicho, como un bicho. Soy un estúpido, me enredé solo. No salvo a nadie.-
Nada que ver. Me gustas mucho más ahora -le contesté. Entonces me dio un beso con olor a cerveza que me impactó como los fuegos artificiales Pero esta vez no salí arrancando. Yen el fondo me puse contenta por haber encontrado por fin mi príncipe gris.
Anita Santelices.

1 comentario:
"Mi príncipe estándar siempre fu medio gris. Porque así yo tengo la misión de azularlo."
Esa frase siempre la recuerdo, esa historia tambien
Aunque anita tuviera aspecto de looser siempre fue una ganadora!
En fin!
Mu gusta como esacribe anita y como canta Maria, SOY LESBIANA!!!
Jajajajaaa!!!
En fin!
Besos!
PEla!
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